Hamelia Roelibros: Encuentros bibliófilos
En una de esas visitas relámpago y espontáneas que de vez en cuando hago a la biblioteca, encontré a una especie desconocida rondando inquieta entre las estanterías de libros, como un pequeño animalillo de ojos encerrados detrás de grandes cristales ovalados, aspecto enjuto y expresión reveladora de un incierto sufrimiento.
La mujer corría espantada cuando percibía presencias humanas cerca de ella, y se escondía en los rincones más oscuros y ratoniles, poco interesantes. Allí, olisqueaba con aparente placer un ejemplar de su interés, alejada de cualquier interrupción a su ritual.
Y como yo me caracterizo por una increíble capacidad de indiscreción cuando me siento esquivado por quien parece temer a la condición humana, entablé una forzosa conversación con la alimaña, envuelta en su desaliñado y polvoriento abrigo, que despedía el mismo perfume que cualquier libro allí depositado anterior al siglo XIX.
Por lo que pude comprobar, no resultó tan arisca y huidiza como aparentaba, porque en seguida mostró su verdadero humor, que no era más ácido ni más desmedido que ciertos críticos literarios. Y sin más, dejé hablar a Hamelia Roelibros, “Hamelia, con hache”, puntualizó. Cada palabra suya sonaba a gran verdad, para ella, por supuesto.Y así pude recoger, en los siguientes y dadivosos meses que nos encontramos, esta selección de chismes que, considero, pueden ser del gusto del público, es que ahora mismo está leyéndome de madrugada.
Claro que no he pretendido hacerme amigo de Hamelia Roelibros, pero resulta un personaje tal, que cometería sacrilegio al no dar a conocer a este onírico habitante de la biblioteca. Me pregunto si todas tendrán su Hamelia Roelibros particular.

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