Hamelia Roelibros: La toxicidad del fan
Es un personaje singular: harapienta, escondida tras las estanterías de las bibliotecas, como un espíritu que salta entre los libros. Arisca, hermética. Creo que podría tener razón, si no fuera tan arrogante. A veces me cuenta cosas, que yo reproduzco aquí. Vaya por delante mi admiración por ese catálogo moderno de personas (mileniales sobre todo) que acapara con vicio todo aspecto cultural para regurgitarlo y lanzarlo a las redes como algo friki. Esa palabreja tan simpática y molona que desde hace unos añitos ronda en las lenguas de tanto viejóvenes como adolescentes y que viene a decir algo así como “somos raritos pero inteligentes”. O algo parecido: el fan. Mis más sinceras disculpas a sus allegados. En esta vida hay de todo y estoy de acuerdo, pero cuando algo se torna tóxico de tanto ingerirlo, es necesario dar una cucharada de arte de ricino y de jarabe adulto para detener tales hemorragias intelectuales. Y la verdad es que el fan llega a ser venenoso. No para las personas, sino ...