Hamelia Roelibros: La toxicidad del fan
Es un personaje singular: harapienta, escondida tras las estanterías de las bibliotecas, como un espíritu que salta entre los libros. Arisca, hermética. Creo que podría tener razón, si no fuera tan arrogante. A veces me cuenta cosas, que yo reproduzco aquí.
Vaya por delante mi admiración por ese catálogo moderno de personas (mileniales sobre todo) que acapara con vicio todo aspecto cultural para regurgitarlo y lanzarlo a las redes como algo friki. Esa palabreja tan simpática y molona que desde hace unos añitos ronda en las lenguas de tanto viejóvenes como adolescentes y que viene a decir algo así como “somos raritos pero inteligentes”. O algo parecido: el fan.
Mis más sinceras disculpas a sus allegados. En esta vida hay de todo y estoy de acuerdo, pero cuando algo se torna tóxico de tanto ingerirlo, es necesario dar una cucharada de arte de ricino y de jarabe adulto para detener tales hemorragias intelectuales. Y la verdad es que el fan llega a ser venenoso. No para las personas, sino para las cosas; como cuando oleadas masivas de seguidores adoptan una figura literaria y la hacen suya, violando así su integridad cultural y real. Pobre Federico.
Los estudios profesionales y serios desaparecen en antologías baratas, brutales atentados contra la dignidad del ídolo de marras, distorsionan su nombre y su imagen. Terminará como prejuicio de académicos hasta dentro de algunas décadas, cuando algún valiente examine a conciencia el fenómeno y lo devuelva a las estanterías de donde fue destronado. Algo similar sucede con los géneros literarios.
Que no os engañen. El cansino círculo vicioso de los fans está muy bien para un rato divertido. Porta una máscara que no hace justicia al objeto de devoción. Se pinta de ilusoria purpurina, huele a nenuco y taladra con su repetitiva canción. Y rechaza eso que llaman caspa cuando viene desde personas mayores y de sapiencial interés. Si algo no es guay, es aburrido: esa es la consigna de los fans, infravalorar la calidad y el valor insertos en una obra o artista para convertirlos en meros juguetes made in china.
Hamelia Roelibros.
Quien no me entienda, que lea.
Imagen de Kari Alfonso. La imagen seleccionada no implica sentido negativo al fútbol, sino que es solo a nivel demostrativo sobre el fenómeno "fan".

Comentarios
Publicar un comentario