Hace tiempo conocí a un energúmeno escritor que se quejaba de todo. Pero daba gusto oírle. Al final, parecía que todos tenemos algo de él, y algo contra él. He aquí las cosas que me contó. He cometido el grave error de escribir como a mí me gusta. Otras veces, en el pasado, la equivocación ha radicado en imitar a otros. La sensación que queda es que he perdido el tiempo leyendo a mediocres y tomándolos de ejemplo. Algo extraño en mí, que elijo cuidadosamente lo que leo. Pero es bien sabido que, en estas últimas dos décadas, el auge de la autoedición y las plataformas digitales literarias han aumentado considerablemente la creencia de que todo el que escribe algo es, por obligación, alguien. Al tiempo que se populariza la literatura, esta cae en lo banal. Desconozco si existe relación con el muro digital que Internet nos ha impuesto, o va de la mano con el cambio de mentalidad generacional de los que nacieron con el ordenador o el móvil conectados al cordón umbilical. Lo que sí es ciert...
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